
Sirva la broma sobre la noticia sobre el derribo del toro de Osborne en una población catalana para recordar el éxito de esta imagen creada en los años 50 por el diseñador gráfico Manuel Prieto. Tan sólo era la respuesta de una agencia de publicidad al encargo de una marca comercial, pero que hoy ya se considera ”bien de patrimonio cultural”.
“Al contrario de lo que sucede con vosotros, los humanos, para mí no es deshonra, sino todo lo contrario, el hecho de tener siete padres más o menos. Me acuerdo sobre todo de Manuel Prieto, mi creador artístico -quien me llamaba “mi muy querido hijo”- y de Félix Tejada, mi creador material. el primero supo nada más crearme la fama que yo alcanzaría. Aunque le costó Dios y ayuda convencer a los Osborne de que yo era el más idóneo para el puesto por culpa del tamaño de mis genitales -un tanto desmesurados en opinión de Don Ignacio, el patriarca; qué no pensaría de los atributos del caballo de Espartero-, desde el mismo instante en que el primero de mis hermanos -que era de madera y mucho más chiquito- se recortó en el horizonte (Cabanillas de la Sierra, Burgos; mayo de 1957; costó 32.400 pesetas)- se vio que habían dado en el clavo. Tanto es así que entre 1962 y 1964, en consonancia con la época, nos reprodujimos como los conejos y alcanzamos los quinientos ejemplares. El pobre de Manuel Prieto, cuya labor nunca fue justamente reconocida, murió en 1991. Allá donde se encuentre no debe estar muy contento con lo que ha ocurrido”… Javier Lorenzo: “El Toro de Osborne. Un símbolo inmortal” El Mundo, 20 nov. 1994.
El arquitecto Santiago Cirugeda, siguiendo la linea de sus anteriores investigaciones sobre ocupaciones y prótesis, proponía en 2001 la incorporación de habitáculos en los toros que pudieran servir de cobijo y refugio.
Más información:
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“Derriban el último toro de Osborne que quedaba en pie en Cataluña” PERIODISTA DIGITAL 03/08/2007
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Las nuevas fronteras del patrimonio cultural: El toro de Osborne





